Posteado por: vicentecamarasa | 6 junio 2016

LA IMPORTANCIA DE LOS GRANDES RELATOS… como forma de dominación

Cada uno de nosotros es prisionero de su propia narración solipsista, no hay familia que no sea cautiva de su historia familiar, no hay comunidad que no esté encerrada en la historia que cuenta de sí misma, no hay persona que no sea víctima de su propia versión de la Historia, y había partes del mundo donde las narraciones colisionaban y por eso iban a la guerra, donde había dos o más historias incompatibles luchando por conquistar el espacio de la misma página, por decirlo de alguna manera

Salman Rushdie. Dos años, ocho meses y veintiocho noches

Alguno puede pensar, viendo el título, que el post versará de literatura. Lo cierto es que versa de relatos pero no literarios, o al menos con escasos valores literarios pero demasiadas consecuencias en nuestra vida cotidiana. Y es que nos referimos a relatos tal y como los concebía Lyotard, relatos como forma de explicación del mundo. Relatos que no conforman novela alguna sino que tratan de explicar la realidad. Estos son comunes en cualquier cultura y tiempo,pues los hombres los necesitamos. No somos capaces (sin ellos) de comprender la realidad, tan múltiple, diversa, contradictoria, aceleradísma, y elaboramos (o nos elaboran) relatos que, a fuerza de síntesis, intentar crear relaciones entre los hechos para así poder asimilarlo.

Los antiguos lo hicieron con los mitos, y las religiones son, en este sentido, grandes relatos que intentan dar comprensibilidad al mundo, a nuestros deseos o nuestros miedos, reorganizando la realidad de una forma abarcable.

De la misma manera actúa la historia, creando construcciones, como ya tuvimos la ocasión de ver en este magnífico libro, imaginarios cómodos pero, a la postre, bastante poco reales por su condensación o, lo que es peor, por lo que entrañaban de manipulación. Y es a este tema, el de la manipulación, al que queríamos llegar. Los Grandes relatos son, cada vez más, sofisticadas formas de control ideológico de la manipulación.

Ya lo intuía Gramsci cuando pedía que primero era crear la superestructura (la ideología) que constituiría el bloque hegemónico sobre el que se apoyaría la estructura (las tradicionales fuerzas económicas). Esta hegemonía sería así el perfecto cerrojo que impediría cualquier cambio, pues es mucho más complicado luchar contra las ideas que contra policías o contra un ejército.

Nuestros políticos (o los mercados que les gobiernan) aprendieron rápidamente la lección, y la psicología o la sociología pronto la desarrollaron tanto para vender un producto (con la publicidad y el marketing) como para imponer un sistema. Chomsky, como ya vimos, ha sido uno de los estudiosos que más han colaborado a sacar a la luz las múltiples estrategias comunicativas utilizadas para crear relatos potentes que, de una forma leve pero insistente, terminan por convencernos hasta hacernos creer (tal es su magia) que son nuestras propias ideas. Pongamos algunos ejemplos que, de seguro, nos serán muy familiares. La culpa de la crisis la tenemos nosotros, que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Evidentemente, una parte del mensaje puede ser cierta, aunque eso da lo mismo. El mensaje no está hecho para explicarnos la crisis sino para crear en nosotros un sentimiento de culpabilidad que nos bloquee y nos deje inermes ante cualquier tipo de recorte. Como niños malos somos responsables de nuestros castigos actuales, que tal vez no sean realmente correctivos, sino todo un largo plan para desposeernos de derechos (la llamada revolución de las élites) El mensaje, además, se vende muy bien en países del norte como Alemania. Sirven para apuntalar posiciones del gobierno y, de paso, eliminar cualquier sentimiento de culpa a los votantes. Si sufren ahora es porque se lo han merecido Tal vez detrás de todo esto está el interés alemán por cobrar sus créditos concedidos a bancos españoles o la imposición de una nueva sociedad más desigual que beneficia a ciertos sectores si se reduce el estado de Bienestar, se reducen los costes salariales, se evitan las protestas, se conservan votos pese a ir contra los intereses de sus propios electores….

Otro caso muy semejante podría ser toda la polémica catalana sobre la independencia. El victimismo ha sido siempre moneda habitual del nacionalismo, y la lista de agravios (muchos ciertos) es buena cortina de humo para ocultar la crisis, los recortes brutales de la Generalitat, lo erróneo de muchas de sus políticas… Si nos sentimos agraviados ya tenemos a alguien, lejano, al que culpar de nuestros males, ¿no es cierto? La lista de temas sería interminable, y si hacemos introspección veremos que incluso en nuestra vida cotidiana usamos los relatos para imponer nuestros deseos. Y es que el cultivo intensivo de los sentimientos enhebrados en una buena narración siempre ha funcionado , y la historia nos ha enseñado que no hay crisis, guerra, conquista o reforma que no se haya envuelto en el celofán de un buen relato. Algo con tanta capacidad que nos permite matar sin remordimientos, como ocurrió con el Gran Relato sobre las armas de destrucción masiva que poseía Irak y que Blair, Aznar, Barroso o Bush no se cansaron de repetir mientras creaban el famoso pacto de las Azores; o la manipulación del gobierno y, más tarde, de los medios de comunicación, sobre el 11 M y la relación con ETA.

La importancia de estos relatos fue uno de los temas básicos de la corriente postmoderna, y autores como Derrida o Foucault hicieron toda una exégesis de ella, estudiando su capacidad de unir los múltiples fragmentos que denominamos vida en un orden lingüístico que nos permiten tener una visión global bastante aproximada, como dirían los personajes de Amanece que no es poco

Sin embargo, esta herramienta, como estamos viendo, tiene su lado oscuro. Enmarcar la realidad, filtrarla a través de metáforas y frases hechas, de forma que el acceso que a ella tiene el sujeto esté condicionado por esa selección , nos dirá Lakoff. Contar historias, envolver la realidad en relatos que trasladen con eficacia lo que deseamos comunicar para que así, poco a poco, se vaya interiorizando en las mentes de las personas (…) Y una vez conseguido ser incorporadas en la cosmovisión dominante ejercen como un magnífico mecanismo de control social, comenta Vallespín

Desde el España va bien, Zapatero y la ceja, la idea del cambio progresista que varios partidos intentan liderar, los casos aislados de corrupción del PP, el independentismo catalán, la vieja y la nueva política… son múltiples casos de estos relatos impuestos con mayor o menor fortuna en los últimos años y que en los próximos días, con la campaña electoral, llegarán a su máxima producción.

Os invito a ver de esta manera la campaña electoral y encajar las piezas para ver qué Relato nos quiere vender cada partido. Es una actividad enormemente productiva que alguna vez hemos realizado en clase para empezar a comprender todos estos mecanismos


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