Posteado por: vicentecamarasa | 20 septiembre 2017

TURISMO E INTERNET. NUEVAS ECONOMÍAS Y PROBLEMAS SOCIALES

Desde hace meses se suceden en varias ciudades (Venecia, Barcelona, Valencia, Madrid…) protestas populares ante la invasión turística de ciertos barrios de las ciudades.

Hace unos meses ya analizamos cuánto tenían que ver este crecimiento con el turismo de cruceros (en el caso veneciano que se empieza a observar también en Barcelona, Valencia o Málaga).

Hoy nos queremos centrar en las llamadas economías colaborativas que ha generado el internet 2.0.

Estas parten de la posibilidad de las redes sociales para la relación directa entre oferentes y demandantes sin necesidad de intermediarios, permitiendo un mercado teóricamente libre, sin obstáculos.

De esta manera el oferente (propietario de una casa) puede sacar partido económico en cualquier momento (un fin de semana, vacaciones…) por un pequeño porcentaje que cobra la red social.

Por su parte, el que busca un alojamiento turístico, puede comparar precios y características como nunca había soñado.

Visto desde aquí la situación parece idílica: ingresos complementarios que podemos sacar a nuestro domicilio habitual o a una segunda residencia y una oferta más amplia (y barata) de alojamientos turísticos.

Tomado de www.hosteltur.com

Sin embargo, las cosas no son tan sencillas.

Por una parte (y como ocurre con uber, del que pronto nos ocuparemos), el adjetivo colaborativo cada vez es más incierto, pues alrededor del 60% de las operaciones no son de particulares, sino de empresas que utilizan las nuevas oportunidades tecnológicas para una extensión de su negocio más fácilmente camufable ante los impuestos y sin apenas regulaciones que realizan competencia poco honesta a Pisos de alquiler oficiales y hoteles, sometidos a reglamentos y obligaciones.

Por otra, el carácter esporádico que se le suponía al alquiler cada vez lo es menos, creándose apartamentos de alquiler de corta estancia dentro de comunidades de vecinos estables, lo cual origina molestias a los últimos (ruidos, menor interés por la conservación de los espacios comunes, problemas de convivencia…).

Finalmente, el carácter dinámico de esta actividad hace difícilmente controlable la actividad que ha crecido de forma exponencial en los últimos años, provocando una burbuja especulativa en el alquiler tradicional (pues una parte de la oferta de pisos pasa a lo turístico, muchísimo más rentable) que conduce a la gentrificación.

De la misma manera su existencia hace bastante complejo el control de un turismo no invasivo, con todas sus consecuencias

 

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