Posteado por: vicentecamarasa | 24 enero 2017

Posverdad (post-truth)

Hace unos meses analizábamos de la mano de Vallespín (La mentira os hará libres), el uso de la mentira como forma política.

No íbamos demasiado descaminados, pues el diccionario Oxford ha colocado como palabra de año la posverdad, entendiéndola como el fenómeno en donde”los hechos objetivos tienen menos influencia en definir la opinión pública que los que apelan a la emoción y a las creencias personales”

La elección de Trump o el Brexit de los que ya hablamos aquí son perfectas demostraciones de esta idea, y casi parecen anunciarnos que más que una moda pasajera, esta posverdad se puede convertir en un verdadero paradigma.

En el artículo citado ya analizábamos algunas causas de este movimiento (prensa politizada, uso partidario de las redes sociales, argumentarios, cortoplacismo político).

Sin embargo, existen otras causas más profundas.

Veámoslas brevemente:

  • La crisis financiera de 2008 ha quebrado las esencias del sistema capitalista, desclasando de una forma apresurada a las clases medias que ven alejarse sus niveles de vida anteriores ante un sistema (la globalización) cada vez más imposible de comprender y controlar. Ante ello, no se responde con el cerebro, sino con los sentimientos, y se vota más por miedo o venganza contra el establisment que con la ilusión por crear un mundo mejor.
  • La revolución de internet ha creado, en sus distintas fases, distintos problemas sobre la verdad. Por un lado, la sobreabundancia de contenidos en la red hace cada vez más complejo saber lo que es cierto, manipulado o simplemente erróneo, deteriorado la categoría de verdadero. Con la revolución 2.0 y la aparición de las redes sociales este efecto se ha potenciado exponencialmente, pues los contenidos generados por ellas muchas veces no son verificados o, simplemente, falseados con intenciones políticas o ideológicas (el llamado periodismo en red gana en inmediatez y falta de controles en detrimento de la profesionalidad o el contraste de fuentes)
  • El pensamiento posmoderno vigente desde los 80 es el perfecto caldo de cultivo para la posverdad. Su nihilismo, el relativismo, su falta de categorías estables, la “democratización” de la opinión (que da la misma importancia a cualquier opinión, sin considerar los méritos del emisor) son vacíos idóneos para instalarla y potenciarla. El recientemente fallecido Bauman explicó magníficamente esta deriva con su metáfora de la sociedad y el pensamiento líquido, sometido a su continente y en constante cambio y (desgraciadamente) posibilidad de manipulación

 

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